Share

Dany Jiménez: "La música tiene ese poder de hacer del bajón algo más elegante y de la situación de alegría, algo casi de éxtasis"

El hombre de radio, ícono histórico de Vorterix durante la última década, charló en profundidad con Rock.com.ar sobre su trayectoria, sus pasiones y los proyectos que lo acompañan, siempre en familia.

En 30 años de abrazar a la profesión, Dany Jiménez supo reinventarse y adaptarse a cada formato. Desde la escritura de fanzines y la conducción radial con amigos, hasta plantarse como musicalizador de Vorterix y acompañar religiosamente todas las mañanas a Mario Pergolini en su programa "Maldición va a ser un día hermoso".

Durante esta charla con Rock.com.ar, el periodista, conductor, productor y musicalizador, entre otras virtudes, profundizó sobre su encuentro con la vocación, sus pasiones y la forma en que la música lo acompañó en cada aspecto de su vida.

¿Cuándo nace tu pasión por la profesión?

A partir de las 12 ó 13 años empecé a interesarme en algunos textos y revistas. También escuchaba mucha radio AM por parte de mi mamá y lo mismo me pasaba, como hijo único, cuando iba a casa de familiares. Son dos cosas que tuve medianamente cerca de la preadolescencia. A los 17, 18 empecé a hacer radio con un grupo de amigos, para pasar música, y a escribir una especie de fanzine interno contando situaciones del barrio. Esas pasiones se fueron despertando casi juntas. La vocación, que es muy distinta a la profesión, la encontré a los 25, 26 años cuando fui a trabajar a un congreso de comunicadores en Mar del Plata. En aquél momento quedé exhausto de las cuatro jornadas, pero al mismo tiempo con ganas de seguir laburando. Ahí me di cuenta de que si estaba tan cansado, pero tan feliz de hacer lo que hacía, evidentemente algo me vibraba adentro. Con el tiempo intenté trabajar para unos medios zonales y demás. La escritura y la radio fueron las cosas que me trajeron hasta acá y, pensándolo en frío, son como 30 años de estar abrazado a estas ramas del periodismo.

A veces uno tiene que atravesar diferentes caminos hasta encontrar lo que realmente le gusta.

Sí. Imagínate que empecé estudiando Medicina y creo que hice un año porque no podía con el CBC de la UBA. De ahí, un semestre más con Psicología. O sea, que estuve tratando de encontrarme y esa búsqueda me llevó a estos gustos primitivos que tenía por la comunicación y que después se hicieron realidad. A veces tarda en llegar la vocación, pero no hay que desesperar.

¿Hubo algún disco o artista que desatara esas ganas por volcarte al periodismo musical?

Recuerdo que leí las crónicas de una revista española, especializada en música, que trajo mi primo de sus viajes en barco. Estaba enrolado en la Marina y cuando iba a Europa venía con eso y algunos discos. Hablaban de los shows de Jackson Browne y otra de Peter Hammill. La verdad es que me pareció tan rico el texto y tan evocador. Siendo tan joven, entendía que había algo muy bien planteado y que desconocía. El mundo musical era un misterio a develar y el de la escritura venía después. Entonces, funcionaban como tocadores de estímulos muy fuertes.

¿Por dónde empezaste?

Tenía ganas de escribir algo. Empecé a hacer radio porque escuchaba mucho y, a su vez, Rock & Pop nos agarró a los 14, 15 años con una vidriera muy grande para un grupo de gente que manejaba los mismos códigos y tenía ciertos lugares de pertenencia. Inclusive, la música era un destape muy grande con el advenimiento de la democracia en el '83. Fueron tiempos muy efervescentes para esas cosas y el amor por la radio me llevó a querer pasar música.

¿En qué año te encontraste con el micrófono por primera vez?

Debería ser el año '88 en Radio Dinámica de González Catán, que de mi casa quedaba a unos ocho kilómetros. Recuerdo que los sábados a la tarde tomábamos el colectivo, terminábamos a eso de las 21 y de ahí salíamos. Era como un plan divino. Si me pongo a pensar, vengo haciendo tiras desde el año 2002 en diferentes radios y es un grupo de gente que ves más que a tus padres. Entonces, termina siendo un ámbito de encuentro social muy fuerte.

Tuviste la oportunidad de charlar con muchísimos artistas importantes. ¿Cuál fue el que más admiración te generó?

Fueron unos cuantos, pero dos o tres que siempre me vienen a la cabeza porque son un poco más terrenales. O sea, del medio nacional, que los puedo entrevistar o cruzar cada tanto y siempre dan charlas fantásticas. Boom Boom Kid, por ejemplo, es alguien que sabés que te va a responder con cosas que no imaginás y te da la confianza para meterte en un mundo que está rodeado de sensibilidad. Entonces podés abrir puertas y llegar a lugares alucinantes. En otro extremo, Javier Martínez por lo erudito que es y la calle que tiene al mismo tiempo. Puedo agregar a Wallas y Richard Coleman, entre los más presentes. Con los artistas de afuera podés tener una nota, pero sabés que son 15 minutos y tenés que ir al hueso sin poder sacarle una ficha muy profunda. Este tipo de entrevistas suelen ser breves y medidas.

¿Y desde el aprecio como público primero y luego como periodista?

Desde ese lado, con Ian Brown de Stone Roses o Mike D de Beastie Boys, con el que fue un placer hablar. También Daniel Lanois, productor de U2, del que soy admirador por sus trabajos solista y tuve la chance de preguntarle un montón de cosas sobre las que tenía dudas. Por ahí no soy el fanático número uno de Kiss, pero Gene Simmons es un personaje histórico y que te de una conversación de 20 minutos está buenísimo. He tenido un montón, pero cuando están más cercanas a tu gusto es un placer. Johnny Rotten es otro.

De cierta manera es un sueño cumplido.

Sí, porque son artistas que venís escuchando desde que eras chico, que viste su nombre miles de veces y su arte te generó un motón de cosas distintas. Poder tener a esa persona en frente y, aún, entrar en confianza como para contarle lo que te pasó con tal disco, son momentos de atesorar.

¿Cuál fue la nota más desopilante que te tocó vivir?

Tuve una rarísima con Fabiana Cantilo, que por ahí no me la esperaba. Fue en Vorterix hace unos tres o cuatro años. Yo nunca la había hecho una nota y ella tampoco tenía idea de quién era yo. Cuando es una primera vez, resulta raro porque al no conocerse hay cierto círculo de confianza que no rompés. La cuestión es que me empezó a contestar una serie de cosas muy bizarras y yo no sabía si estaba enojada o si era así. Del otro lado del vidrio los chicos estaban disfrutando del momento y yo lo sufría. A su vez, ella decía "qué buena nota, que no termine más", y yo quería terminar porque era muy difícil de llevar adelante.

¿A quién te quedaste con las ganas de entrevistar?

Me hubiera gustado entrevistar a Joe Strummer, de The Clash, porque creo que fue uno de los tipos más lúcidos que tuvo el rock; con una visión de las cosas súper interesante y muy piola para compartir. Lamentablemente, me voy a quedar con las ganas.

¿Tenés alguna cábala?

Tengo una, pero no sé si se podría llamar cábala. La hago siempre que sale una transmisión y se trata de agarrar el micrófono: de un lado está el pulgar y en vez de poner los cuatro dedos del otro lado, el dedo chiquito lo paso por abajo para que haga presión. No sé por qué, pero es algo que hice toda mi vida.

¿Qué lugar ocupa la música en tu vida?

En mi caso, lo más importante es la familia. Y ya siendo cinco en casa, me di cuenta que amo estar así. Por más que sea un quilombo, cuando tengo que hacer un mínimo viaje para trabajar, lo extraño. Sacando eso, la música está en un lugar fundamental y me resulta hasta extraño estar segundos sin ella. Por ahí subo al auto y pongo radio, pero llega un momento en que la necesito. Por ejemplo, cada vez que prendo la parrilla tengo una música pre-determinada para hacerlo. Si no, no puedo empezar. Me acostumbré a que me acompañe en tantos momentos que es muy difícil dividirla.

Va de la mano de las playlist que venís subiendo a Spotify y acompañan en diferentes momentos.

Sí, aparte tenés la chance de poder elegir lo que querés y en el momento que querés. Si estás más bajón, enojado o, incluso, si querés que tu mente esté colgada, la música te permite tener climas para tus necesidades emocionales. Por eso empecé a armar listas, tanto para salir de tu casa como para cenar, correr o estudiar. Son momentos que tenés todos los días y entendés que puede ser un lindo acompañamiento. La música tiene ese poder de hacer del bajón algo más elegante y de la situación de alegría, algo casi de éxtasis.

¿Cinco discos infaltables en estos tiempos de encierro?

Con este el clima medio otoño-invernal, recomendaría "Dusk", que es un disco de folk muy lindo del dúo inglés Ultimate Painting. Otro de Etta James, que se llama "Mistery Lady", más para la noche con una buena copa de vino. Hay una banda que se llama Bodega, es de New York y hacen rock. Tiene un disco homónimo con cinco o seis canciones seguidas que están buenas y es algo extraño al día de hoy. El "Álbum Blanco" debería ser entregado por los municipios a fin de mes con las expensas. Por último, el único disco que sacó Yellow Days. Un cantante inglés muy jovencito que hace un soul medio roto y acompaña muy bien.

¿Alguna banda nacional reciente que te haya impactado?

Hay dos que me gustaron mucho. Una es Los Nuevos Monstruos, de acá del oeste, que siempre recomiendo y cada vez que puedo los voy a ver. Todo Aparenta Normal tiene muy buenos temas y Corriendo Por el Bajo es una gran banda que descubrí de casualidad en redes sociales. Después, están los gustos de siempre, vinculados a los últimos años y son Banda de Turistas, Sentidos Alterados y Peces Raros.

¿En qué momento te encontrás actualmente?

Estoy en un momento de reconversión y de empezar a hacer otras cosas. El hecho de trabajar en la elección general de los paisajes musicales de Vorterix, es algo que me lleva mucho tiempo y me encanta porque está conectada con mi parte periodística de búsqueda. Gran parte de mi vida pasa por ahí, a la mañana trabajando en "Maldición" o con musicología con el portal. También empezamos un podcast con Bruma y tenía muchos proyectos encaminados, distintos a la radio, pero quedaron en un pantano hasta que se destape.

Continúan, al menos virtualmente, haciendo el ciclo de entrevistas Charlatanes.

Sí, la realidad es que el núcleo del ciclo era en un teatro, con buena iluminación y una puesta en escena copada. Yo espero que podamos volver con Licha este año porque estaba muy bueno y la idea era marcar una diferencia con la producción de Decime Puente.

¿Y con Free Anguila cómo venís?

Tenemos el video de una de las canciones que están en Spotify y quizás larguemos en las próximas semanas. Aún no sabemos si esperar hasta que todo esto se acomode, pero veníamos bien. Hicimos un último show el 28 de febrero y estuvo hasta las manos. Empezamos a sacar un tema nuevo y ahí paramos por la pandemia. Veremos si de a poquito volvemos a ensayar con los nuevos protocolos.

Si tuvieses que elegir una canción para compartir con los lectores de Rock.com.ar, ¿cuál sería?

Podríamos ir con "Groove of the Maker", que fue la última canción que grabamos con Alejandro Schuster de Viva Elástico, en producción; y Fran Demichelis como ingeniero de sonido. Tiene una interacción de la banda más intensa y quedó muy bien.