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Crítica: "Escala Madrid"

Uno de los secretos mejor guardados de los noventa –lo conocemos los periodistas y algunos treintañeros palermitanos- fue una banda llamada Superchango. En sus canciones se resumía sonido pop, arreglos vocales onda Beatles y letras sobre excesos, problemas con la policía y mala suerte con las mujeres. Grabaron un disco, el cantante se fue a vivir a España, se hizo amigote de Andrés Calamaro y cuando volvió había mutado en Andy Chango, una pseudo-estrella fugaz-bizarra-para-TV-en-épocas-de-patacones...

Escala Madrid tiene mucho de Superchango. El grupo es de Ramos Mejía, está compuesto por cuatro integrantes y el autor del grupo es el cantante Juani Cudeiro (sí, canta parecido a Andy... y al Fito de "Tercer Mundo"). Su disco debut es un manojo de canciones con cierto sello looser en la frente; son historias de personajes a la deriva sobre melodías estructuralmente pop. La placa tiene seis canciones equilibradas, juguetonas y con cierto volumen: “Frontera” es una buena presentación porque resume todo lo que sigue, “Colegialas” es una algo pegadiza, “Espuma” muestra ritmo, “Me queda” es pura melodía pop (recuerda a “Algún lugar encontraré”, de Calamaro en Caballos Salvajes), “En la vereda” es una gran composición con sello propio y “Estatua de sal” es el clímax in crescendo que tenía que cerrar el disco y seguramente los recitales. Las seis canciones presentan muchos arreglos de vientos y teclados, buenos solos de guitarra e instrumentaciones correctas. Y da la sensación de que veinte minutos no alcanzan para medir la intensidad que tal vez alcancen en otras circunstancias.