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Manuel Wirzt

En la cornisa

Voy colgado a tu cintura, tus excesos, tu ternura,
a esos besos que aparecen cuando pierdo la cordura.
Sos tan blanca, tan oscura, tan ingenua, tan segura,
que me abrazas me rechazas y en mi cuarto te desnudas.
Y después junto a la luna silenciosa te me esfumas,
sin un gesto, sin decir adiós.

En la cornisa de tus manos y de mi corazón,
en la cornisa sueño y rezo por un poco de amor.
y a la buena de Dios, y a la buena de Dios, estoy.
En la cornisa de tus manos y de mi corazón,
y a la buena de Dios, y a la buena de Dios, estoy.

Sigo siendo el que te escucha, te maldice y se disculpa,
por tus lágrimas sinceras que aparecen por las dudas.
Por los dichos, por las culpas, todas juntas y ninguna,
porque sigo siendo el tonto que te ama con locura.
La locura que me alumbra en las noches que te esfumas,
sin un gesto sin decir adiós.

En la cornisa de tus manos y de mi corazón,
en la cornisa sueño y rezo por un poco de amor,
y a la buena de Dios, y a la buena de Dios, estoy.
En la cornisa de tus manos y de mi corazón,
en la cornisa sueño y rezo por un poco de amor,
y a la buena de Dios, y la buena de Dios, estoy.

Si nada es casual, si todo es verdad,
si puedes cambiar,
y aceptar de una vez que soy parte de ti,
yo te puedo esperar,
yo te voy a esperar.

En la cornisa de tus manos y de mi corazón,
y a la buena de Dios, estoy.
en la cornisa de tus manos y de mi corazón,
en la cornisa sueño y rezo por un poco de amor,
y a la buena de Dios, estoy.