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Ariel Leira

Las damas de beneficencia

Todas las damas de beneficencia
toman un descanso
hablan un poco
y vuelven a rendirse
y ya no lloran más.

Un pequeño saltarín de la vehemencia
toma el tren
después se inclina
y adivina
y al cielo se va.

Y tu amor sigue firme acá.

Angie se sacó ya la ropa de virgen
pero su mamá es tan casta
que se arrastra por el piso
y le dice que no.

Un fino predicador de la decencia
fuma marihuana
habla de Cristo
y arma el circo sólo para él.

Y tu amor sigue firme acá.

Yo sé donde voy a ir
donde voy a morir
y sé que al final
y hasta el final
siempre estarás aquí
ya no me importan las bodas de plata
ni qué irá a pasar.

Flotan en el alma los remordimientos
sólo basta oír su nombre
para que aquel hombre
vuelva a verse bien.

Y el fino predicador de la decencia
grita y se desviste
da una imagen triste
y un triste final.

Y tu amor sigue firme acá.

Yo sé donde voy a ir
donde voy a morir
y sé que al final
y hasta el final
siempre estarás aquí
ya no me importan las bodas de oro
ni la eternidad.