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Rodrigo Soler

Llueve y vos no estás

Llueve y vos no estás,
Buenos Aires se lamenta,
huérfana, por los rincones
y cuenta anécdotas viejas,
y huelen a alcohol y a tabaco,
las penas que esconden sus quejas.

Llueve y vos no estás,
Buenos Aires, malherida,
sale de noche a cazar utopías
y vuelve de día,
después de llorarte en la barra,
del único bar que le fía.

Volvé…
Ni Buenos Aires ni yo,
seremos nada sin vos.
Volvé…
Nos queda un último baile, mi amor.

Llueve y vos no estás,
Buenos Aires, despechada,
hoy sale con su disfraz de carnada
a buscarse la vida,
a ver si te pierde en un trago,
a ver si en un beso te olvida.

Llueve y vos no estás,
Buenos Aires, deprimida,
jura que sos el amor de su vida,
y me grita cobarde,
me dice que fue culpa mía,
que siempre me doy cuenta tarde.

Volvé…
Ni Buenos Aires ni yo,
seremos nada sin vos.
Volvé…
Nos queda un último baile, mi amor.