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Rob Zombie en Museum: el rock volvió a ser riesgoso

Durante su segunda visita al país, el ex White Zombie dio un show lleno de drama… y casi lo suspende a la media hora. Un concierto a la altura de su leyenda.

“¡Soltate el alien, la puta que te parió!”, grita parte del público en la noche del domingo. “Si no lo devolvés, vamos a parar ahora”, agrega Rob Zombie. La respuesta, de alguien de la platea, no tarda en llegar: “¡Largalo ya, porque te mato!”. El miedo a que el concierto se cancele, después de cuatro años sin el músico en nuestro país, se ve en las caras.

Por un rato, el cantante regresa al camarín. “Esto se terminó. Muchas gracias, hasta luego”, dice, visiblemente enojado. Después de haber lanzado dos extraterrestres inflables –que coinciden con “Well, everybody is fucking in an U.F.O.”- y que se los hayan robado en la audiencia, los ánimos de Rob no son los mejores. Es entendible.

Pero lo positivo es que el riesgo, algo que en los recitales de rock se había perdido, volvió por un rato. Y fue la prueba de que, para eso, no se necesita ir a antros de mala muerte o a lugares con habilitaciones dudosas. ¿Zombie iba a retirarse? ¿Volvería sólo para hacer los bises? ¿Estaba realmente furioso?

Nada de eso. “Los estaba cargando”, dice cuando vuelve. “Tengo miles de esos aliens verdes”. Ahí sí, la canción arranca, y todo es felicidad. El regocijo se nota en la expresión del baterista, Ginger Fish.

El vocalista, que tiene calada a la chica que se quedó con uno de los extraterrestres, la señala durante la parte más turbia de “The hideous exhibitions of a dedicated gore whore”. Sí, justo cuando canta -en inglés- “esa chica es una puta violenta”.

El guitarrista John 5, aquel que era el centro de atención junto a Marilyn Manson, y que bien podría ser el hermano de Wes Borland, cambia de Telecaster por enésima vez durante la veintena de temas. Inteligentemente, en las canciones nuevas es en donde los músicos más agitan al público, o donde aparecen las luces, las violas con LEDs y los agregados escenográficos (como grandes pelotas de colores).

Twiggy D, con su bajo, desafía a todos en “House of 1000 corpses”. Otro de los momentos de riesgo se da cuando John 5 amaga con “Thunder Kiss ‘65”, aquel viejo éxito de White Zombie. Pero el jefe vuelve a dar marcha atrás. “¿Se la olvidaron? Noto que no tienen onda, así que pasemos a otra cosa”, dice Rob. Y por un rato, cumple y manda “Blitzkrieg Bop”, de los Ramones.

Minutos más tarde, se excusa: “¡Cambié de opinión! Hagámosla”. Las mil quinientas personas que hay en Museum -el mejor auditorio de Capital Federal-, festejan. A diferencia del día anterior, en el Maximus, la banda mete varios bises, entre los que no faltan “The lords of Salem”, “Dragula” y “Meet the creeper”.

Pero el público sigue insistiendo, y vuelven. Cerrado el círculo, recurren a algunos temas de la nueva época, sorprendentemente igual de efectivos.

Discípulo fiel de Alice Cooper, Rob Zombie sabe cómo dar un recital con drama, acción, suspenso y hits. ¿Será por su veta como director de cine? Lo que sí sabemos, es que la próxima, va a pensarlo dos veces antes de traer los aliens… ¡o les va a contratar una A.R.T.!

Fotos: Mica Villalobos