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Megadeth en el Luna Park: por fin contrataron a un batero

La banda dio dos conciertos con sabor a despedida, pero que por fin sonaron a la altura de su leyenda. La importancia de los nuevos miembros.

Megadeth. Foto: Mica Villalobos

Megadeth. Foto: Mica Villalobos

“…Y atrás mío, ¡Dirk Verbeuren!”, grita Dave Mustaine en la segunda noche de la gira porteña de “Dystopia”. Aunque use unos enormes protectores auditivos, el belga escucha la ovación de las ocho mil personas. Y más allá de que sea complicado “ganarse” a una audiencia como baterista de thrash metal, Verbeuren lo logra al primer compás.

Por un lado, su tarea era titánica. Por el otro, facilísima: cualquiera que entrara en lugar de Shawn Drover iba a ser recibido con buenos ojos.

Lo importante es que Megadeth no se renovó sólo en ese sentido: ahora dio shows más largos, realmente energéticos y con varias canciones nuevas (¡seis!).

La lista de temas es impecable, y Dirk se luce sobre todo en “The treath is real”, “Tornado of souls” e “In my darkest hour”. En la primera noche, Mustaine dice: “no nos tiren nada, si no quieren que este show también se cancele” -en alusión a la suspensión sufrida en Paraguay-, y le grita a un espectador en particular: “¡Homosexual, puto!”.

A Kiko Loureiro, exguitarrista de Angra, se lo nota mucho más suelto en los temas de “Dystopia”. Así y todo, es un reemplazo a la altura de Marty Friedman y de Chris Poland, y nunca se había podido decir algo similar.

David Ellefson, el fiel escudero de Mustaine, da los primeros shows después de una lesión en su pierna. Se nota que ganó un poco de peso, algo entendible por su accidente, pero poco importa cuando brilla en “Dawn patrol/Poison was the cure”.

La “sorpresa” de la segunda noche es “Rattlehead”, que aunque ya la habían interpretado en algunos conciertos de la gira, tiene gusto a “perlita”. Tan acostumbrados estábamos al Megadeth de antes -predecible, sin riesgos, achanchado-, que una sola canción extra nos parece un regalo de los dioses. Increíble.

Los temas siguen sonando un tono más abajo, y los que más sufren son “A tout le monde” y “Peace sells…”. El cierre, como siempre, es con “Holy wars… the punishment due”, posiblemente la línea más consistente de Ellefson.

Unos minutos antes, Mustaine había dicho: “Este es nuestro último show en la Argentina por un largo tiempo. Vamos a tomarnos un break, lo necesitamos”.

Cuando ya nos preguntábamos si todavía existía vida para Megadeth, la banda vino a demostrarnos que sí. Y aunque quede el interrogante de qué pasará, esa posible despedida sería con los brazos en alto. Por fin.