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El tiempo otra vez avanza para No Te Va Gustar

El octavo disco de la banda uruguaya prescinde bastante de esa cadencia rioplatense y se mete de lleno en un terreno pop-rock, minuciosamente explotado por el productor Joe Blaney.

ntvg el tiempo otra vez avanza

El ingeniero de sonido norteamericano -que trabajó con The Clash, Fito Paez y Andrés Calamaro, entre otros- potencia la potable llegada hacia lo masivo que tienen los NTVG. La holgada gira por Latinoamérica y ser una banda internacional con 20 años en el lomo, hicieron que este disco sea definitivo y tenga un sonido más universal. Fue grabado en Buenos Aires y en la capitalina, pero tal vez un poco más tranquila, Montevideo. No hay ya candombes ni estridencias de vientos aunque la esencia de la banda logra mantenerse.

Brancciari vive con su familia en Piriápolis pero con su banda se mete en el ruido de las metrópolis para tocar, y al mismo tiempo en lo profundo de las provincias del sur para no privar a nadie de la música de su grupo. Todo eso convive, y seguro eso les da experiencia para concretar el experimento de escribir canciones aún en plena gira.

El nombre trae consigo un cambio. “El tiempo otra vez avanza” tiene una mirada no tan retrospectiva y nostálgica. Ir hacia adelante. “Me ilumina hoy” aparece con un tempo entrecortado de batería que le da mucho poder y violas que riffean de fondo. El estribillo se transforma con vientos y más guitarras. En “Alba” la cosa es de balada, con un punteo sencillo pero adherente y teclados en los puentes. “La cuerda” es otra mid tempo y una de las canciones que hace referencia a la muerte del tecladista Marcel Curuchet. La angustia por tamaña pérdida tiene otro recuerdo en “Su sombrero”. Si bien es un poco más rockera, ambas utilizan metáforas y citas directas hacia ese dolor del que los uruguayos todavía se siguen reponiendo.

Entonces los ritmos se van alternando. Hay una base poprockera siempre que, por ejemplo, en “Paranoia” se combina con el bolero y coros de cancha casi premonitorios (¿#NTVGEnRiver?). El primer corte, “Comodín”, juega con lo bailable y aprovecha a un Charly García que le saca sonido a un IPad strings -sí, toca un celular- y un clavinet -una especie de teclado amplificado electrónicamente-. SNM no es el único invitado. Se suceden varios, pero otro destacado es Hugo Fattoruso con voz y teclado en “Viajando sin espada”, un folk de fogón.

Las referencias auditivas de “El tiempo…” no son solo relacionadas con el llamado rock americano. En “Detrás del cerro” hay un eléctrico ritmo de altiplano que se junta con violas bien presentes. Cuesta encontrar ruidos latinos en el resto del disco porque el objetivo parece ser otro: seguir ampliando esa brecha de público, con la clara sugerencia de Blaney. Llevarle NTVG a todo el mundo.

Hay más variantes en la casi punk “Mi demente”, la ranchera “Presente y la cumbia-reggae con “Solo vino”, que atiende a la Iglesia. “La puerta de atrás” también es contestataria y le da su espacio a las diferencias con los políticos.

La versión digital de “El tiempo otra vez avanza” trae dos tracks más que en realidad son tres –NTVG no abandona esa postura supersticiosa de silenciar el “13”-. Ambas, “Llueve tranquilo” y “Madre nuestra”, pertenecen a la película documental “El verano siguiente”.

No es una máxima que los productores foráneos tengan la verdad absoluta pero resulta evidente que el trabajo de resaltar valores de las bandas sudamericanas trae aparejado una inminente búsqueda de lo masivo. Las discográficas hacen su negocio, las bandas contratan ingenieros de sonido consagrados que saben lo que gusta. Lejos está eso de estar “Solo de noche” (título del primero de NTVG) porque a estos uruguayos se les augura un inminente destino de estadios. Todo parece indicar que habrá No Te Va Gustar para todos y para rato.