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Discos: "Posguerra", de La Caverna

La Caverna nace en las puertas del siglo XXI, en La Plata, en esa usina inacabable de música, cuatro años antes de Cromañón. Se plantan en una nueva generación con referentes cumpas como Salta La Banca o El Bordo y que se aleja de las pose clásica de rockstar, para, entre otras cosas, priorizar la prosa y por qué no comprometerla socialmente. Luego de intensas giras por el país, su cuarto disco “Posguerra” es un paseo por texturas y ritmos.

lacaverna

Con el rock de estadios casi extinguido, la proliferación de bandas tiene su nicho fuerte en la Internet y el boca en boca. Hoy por hoy los músicos más jóvenes valoran mucho más cosechar un Me Gusta en Face o un follower de Twitter a que una compañía vampiresca se babosee con ellos sólo para exprimirlos hasta exponerlos más que en una publicidad de prime time.

En La Caverna compone el baterista (Juano Falcone) y el cantante, Diego Fauci, se encarga de musicalizar el viaje. La voz a veces barroca de Fauci no tiene desperdicios. El grupo se le anima desde un carnavalito (“La canción que necesitaba”) hasta a un seductor y prolijo funk (“Resolana”), pasando por alternativas de reggae: lover (“Milagro de otoño”) y dub (“Cielo opaco”). Pero también hay ska (“Los negadores”) y una balada mid tempo popera -muy pero muy adherente- como el primer corte, “Vales de besos retornables”, en la que Fuaci agoyenechea la canción eje de “Posguerra”.

Las guitarras son protagonistas en “Hombre de humo” y en “Nacer para vivir”, que tiene un colchón distorsionado de violas al mejor estilo Van Halen. La hipnótica “Cinco horas” también pega chapa de temón en un trabajo que en pocas horas de subida tuvo más de mil descargas.

Otra sublime interpretación se da en “La montaña de mi lado”. Falsetes y arreglos de cuerdas demuestran la versatilidad de esta banda que tiene más de 10 años en la ruta, edad suficiente para demostrar que están a punto caramelo. Si bien La Caverna continúa mezclando géneros, en “Posguerra” cada canción tiene su tratamiento y su profundización, aunque con el rock como motor de todas.