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Avenged Sevenfold en París: cómo se domina un estadio

El grupo volvió a la capital francesa, para presentar “The stage” junto a Disturbed y Chevelle. Las claves que los convirtieron en una banda masiva.

Foto: cortesía Rafa Alcantara

“Cuando vinimos a tocar con Guns N’ Roses, todos estaban con cara de aburridos. A los años, llegamos con Iron Maiden y nos hicieron fuck you. Ahora, en cambio, tenemos una gran familia”, dice M. Shadows poco después de comenzado el show de Avenged Sevenfold. Y no lo comparte de una manera presumida, sino como un festejo compartido con los fans.

A saber: la banda está en su mejor momento. Llenan estadios en toda Europa –hoy tocan para 20.000 personas, o más-, y son la última gran banda de los 2000s. Lentamente, empiezan a ocupar el lugar de grupos como Foo Fighters, Slipknot y Linkin Park. Por eso, verlos en plena gira de presentación de “The stage” (2016) tiene un sabor especial.

Otra prueba de que A7X pasa por su etapa de esplendor está en canciones como “Acid rain” –del famoso “Hail to the king”-, que suenan mucho más maduras. El guitarrista Synyster Gates ya no necesita de la arrogancia de años anteriores para lucirse sobre el escenario; Johnny Christ hace excelentes voces guturales (¡pero por favor, no lo dejen cantar en “Nightmare”!); y el sencillo Brooks Wackerman –el nuevo del grupo, pero a la vez el más experimentado- desencaja un poco con el resto de la banda. Así y todo es uno de los bateristas más técnicos del planeta, y sin dudas el mejor agregado desde Mike Portnoy.

LA AUDIENCIA, EN LA PALMA DE UNA MANO

El grupo aprendió perfectamente los trucos de los estadios: M. Shadows juega con el cubo que cuelga sobre él (“Brooks, creo que ésto se te va a caer arriba. Y no sería bueno. Para nada”, dice antes de “Almost easy”); alaba con demagogia al público y les dice que son “los mejores de toda la gira”; y hasta tiene fans VIPs “enjaulados” en cada costado del escenario, que pagaron por una excelente vista pero por un sonido muy pobre. La atmósfera recuerda al video de “Who made who”, de AC/DC.

En el Accorhotels Arena, situado junto al río Sena en París, venden de todo: desde tapones para los oídos –excelente medida-, hasta M&M’s y popcorn. De alguna manera, los europeos viven ésto más como una película que como un recital de rock. ¿Será la costumbre de poder verlos tantas veces seguidas?

También es probable que ya hayan disfrutado en vivo de Disturbed y Chevelle, pero eso no quita que la banda de David Draimann de un excelente show –casi a la altura de Avenged Sevenfold-, y que los segundos suenen más que bien.

“¿Les gustan las canciones sobre asesinatos y necrofilia?”, pregunta M. Shadows antes de “A little piece of heaven”, y aprovecha a dedicarle el concierto a los franceses y a unos polacos que, según él, los siguen a todos lados. El final llega con “Unholy confessions”, un cierre que deja a todos con lo que esperaban: algo de lo nuevo, lo viejo y los hits.

Avenged Sevenfold ya no es el grupo de antes: la adultez, el cambio de sello discográfico y la entrada de Brooks Wackerman les pegaron de diez. Sólo el tiempo dirá si se van a convertir en la banda más convocante del planeta. Mientras tanto, están yendo por el camino adecuado.